¿Alguna vez ha deseado poder escuchar a Dios con mayor claridad? Quizás haya orado pidiendo orientación sobre una decisión, una relación o los próximos pasos que debe dar, y se haya preguntado si lo que escuchaba eran sus propios pensamientos o la “voz suave y apacible” de Dios.
Reconocer la voz de Dios es una de las partes más importantes de caminar con Él.
Sin duda, todos coincidimos en que nos gustaría agradar a Dios. La Biblia dice que Noé gozaba del favor de Dios (Génesis 6:8). Una de las razones era que lo escuchaba y confiaba en Él.
Déjeme preguntarle algo: ¿sabe cómo escuchar a Dios? Mucha gente habla con Dios de esto y aquello, y luego se levanta y espera que todo salga bien. ¿Termina su oración con la esperanza de que Él le responda?
La Biblia dice:
“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5, 6).
Los “caminos enderezados” representan una vida bendecida, en la que Dios quita los obstáculos y nos guía hacia una dirección llena de dádivas.
No se trata de una vida sin dificultades, pues la adversidad forma parte de toda vida consagrada; sin embargo, es una vida de gracia, en la que caminamos en comunión con el Señor.
¿Qué debemos hacer para experimentar una vida bendecida? Le animamos a considerar tres pasos sencillos, pero eficaces:
1.- Para disfrutar del favor del Señor, debemos escucharlo con atención.
A veces, Él pone en nuestro corazón una profunda convicción acerca del paso que quiere que demos. ¿Presta usted verdadera atención a esas impresiones? ¿Sabe discernirlas e identificar lo que proviene de Dios? Esto es esencial para caminar con Él.
Génesis 6.13, 14 nos dice que “Dijo, pues, Dios a Noé […] ‘Hazte un arca’”, y Noé lo entendió.
Debemos ser sensibles a la guía de Dios y saber cómo nos habla de manera personal para poder seguir sus instrucciones.
2.- Debemos confiar por completo en Él.
Habrá momentos en los que Dios nos pida que hagamos algo con lo que nadie más estaría de acuerdo. Puede que no lo entendamos, pero eso no es excusa para ignorarlo o demorarnos.
A menudo Dios me ha dicho algo sin explicarlo, pero ha dejado claro en mi corazón lo que quería que hiciera, independientemente de cómo me sintiera al respecto.
Dios asume toda la responsabilidad en cuanto a nuestras necesidades.
Fíjese en Noé. No sé qué pensaba al construir el arca, pero sí sabemos que Dios le proporcionó cada pieza de madera y, además, hizo que todos los animales llegaran justo a tiempo.
Está bien decir: “Dios, no entiendo esto”, pero si Él nos dice que hagamos algo, solo hay una respuesta correcta: “Lo haré”.
3.- Debemos recordar el carácter de Dios.
Noé tuvo valor porque conocía a Dios.
Si confiamos en la fidelidad del Señor, nosotros también tendremos el valor necesario para obedecer sus indicaciones y seguir el camino que Él nos marca, sin importar cómo se vean las cosas.
Noé vio cómo todo el mundo se destruía a su alrededor, pero sabía que Dios cumpliría sus promesas.
Noé, su familia y todos esos animales salieron vivos de la destrucción para comenzar el mundo de nuevo. ¿Era Noé un hombre perfecto? No, pero escuchó al Señor, confió en Él y obedeció.
Pídale a su Padre celestial la fuerza para hacer lo que Él le llame a hacer.
Sea cual sea su situación, Él anhela responder a sus oraciones, marcar su rumbo, darle la instrucción necesaria, proporcionarle lo que necesite para obedecer y llevarlo justo donde Él quiere que esté.
A medida que camine con Dios, Él enderezará su camino y le concederá la mejor vida posible: una llena del favor de Dios.
¿YA SE ACOGIO A LA GRACIA DE DIOS?
Por mucho tiempo experimentamos desaliento, alejados de Dios, temerosos de su castigo.
¿El motivo?
Siempre nos enseñaron de un Padre rencoroso, pendiente de que falláramos para castigarnos. Atento a nuestra maldad para mandarnos al infierno.
Tremendo equívoco.
Nos hablaron solo de la mitad del Evangelio desde los púlpitos. No nos hablaron del amor de Dios, que es ilimitado y perdonador.
Nos extendió Su GRACIA. Por GRACIA recibimos perdón en respuesta a un sincero arrepentimiento.
Jesús tomó nuestro lugar en la cruz. Murió por nuestros pecados para traernos perdón. Con su sangre preciosa, vertida en el Gólgota, nos presentó santos y justos delante del Padre.
Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.
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