Uno de los espacios más peligrosos del mundo es el mar de Iroise en el extremo occidental de la Bretaña francesa, desde la isla de Sein hasta la de Ouessan.
Pero, además, concentra el mayor número de faros del mundo. Sus haces de luces advierten a los barcos y les informan en qué punto de la costa se encuentran.
En la era del GPS y la tecnología, pocos son los navíos que se guían por esta frecuencia de luz.
El primero de estos faros fue instalado en 1823.
De los más de 140 faros que existen en Francia, un total de 82 están en Bretaña y de ellos, veinte se sitúan en Finisterre.
Sus imponentes siluetas de piedra se alzan frente a acantilados, en pequeñas islas o en aguas abiertas.
Usted y yo, de acuerdo con las Escrituras, somos como faros. A través de lo que pensamos y hacemos, generamos guía e inspiración a quienes nos rodean.
Somos luz en medio de la oscuridad como enseñó nuestro Señor Jesús:
“Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.” Mateo 5:16
Por ese motivo es esencial que vivamos, con ayuda de Dios, el proceso de trasformación personal y espiritual.
Las personas alrededor están atentas a lo que hacemos que, a su vez, es producto de nuestros pensamientos.
No es algo que se consigue de la noche a la mañana. Es un proceso. Un tránsito paso a paso en el que, si deseamos avanzar, debemos dar pasos prendidos de la mano del Señor Jesús.
Los cambios y crecimiento que experimentamos con ayuda divina, terminan siendo un sendero que otras personas recorrerán.
¿Comprende la importancia de vivenciar esa transformación?
Hoy es el día para comenzar. ¿Y si hemos fallado? Nada. Avanzar. Es previsible que no todo sea perfecto. De hecho, nunca lo será.
En Dios encontramos perdón en respuesta a un sincero arrepentimiento. Esa es la GRACIA que nos cobija a todos. A usted, a mí, a todos.
Jesús tomó nuestro lugar en la cruz y con su sangre preciosa, nos limpió de toda maldad y nos presentó santos y justos delante del Padre.
Acójase hoy a la GRACIA divina. Ábrale las puertas de su corazón al Señor Jesucristo.
ORACIÓN
Amado Señor, gracias por tomar mi mano para ayudarme en el proceso de cambio. Sé que no estoy solo. Tu me ayudas en cada nuevo paso. Y, si fallo, puedo levantarme porque me das la fortaleza para seguir adelante. Me prendo de tu mano y te doy gracias porque, por tu misericordia, me acompañas en el crecimiento y transformación permanentes. Amén.
Fernando Alexis Jiménez sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas. Es periodista, escritor y teólogo. Desde el 2016 dirige el Instituto Bíblico Ministerial. @UnCafecitoconDios
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