Pero ¿sabe la gente dónde encontrar sabiduría? ¿Dónde puede hallar entendimiento? Nadie sabe dónde encontrar sabiduría porque no se halla entre los vivos. “Aquí no está”, dice el océano; “Aquí tampoco”, dice el mar. No se puede comprar con oro; no se puede adquirir con plata. (Job 28:12-15 | NTV)
Nos falta sabiduría, definitivamente. Sabiduría para tomar decisiones en el momento oportuno y de la forma apropiada. En todo. En la familia, en el trabajo, en la iglesia local, en la interacción con otras personas.
Sabiduría bíblica, aquella que proviene de Dios.
Sabiduría para no quejarnos de todo y de todos. De la familia, del trabajo, de la iglesia, del mal tiempo, del gobierno, del barrio que habitamos, de todo.
Nuestras actitudes hacia Dios, la familia, las personas y la vida, en general, deben cambiar si queremos experimentar una vida gratificante y con propósito.
La decisión de emprender la transformación personal, espiritual y familiar.
Ser gratos y disfrutar de las cosas buenas.
Esa es sabiduría. Y no la conseguimos en la familiar, sino cuando desarrollamos una íntima relación con Dios.
Podemos buscarla en los libros, en la experiencia, en la naturaleza, en ejercicios de meditación, en lo que sea. Pero no la hallaremos allí.
La sabiduría fue concebida por Dios y la encontramos en Dios.
¿Y cómo lograrlo?
Tomándonos cada día un cafecito con el amado Padre celestial. ¿En qué consiste? En apartar un tiempo para Él. Contarle cómo nos sentimos, nuestros sueños, metas, inquietudes.
Entregarle nuestros problemas y pedirle que nos ayude a solucionarlos. Que nos muestre el camino.
Es un proceso sencillo, no tan difícil como luce a primera vista.
Puede ser cuanto usted se toma un cafecito, despacio. En la mañana, en la tarde o en la noche. Entre sorbo y sorbo, conéctese con Él.
¿Y si hay ruido alrededor? No importa. Es un diálogo con el Padre, en medio del ruido y quizá, del ajetreo de la jornada. Un cafecito con Dios. Un tiempo de hablar con Él, en oración, mentalmente.
Comprobará que emprenderá un proceso de cambio y crecimiento.
Es sorprendente.
No podría despedirme sin antes hablarle de la GRACIA de Dios. Es la oportunidad maravillosa que siempre necesitamos.
Por GRACIA recibimos perdón de nuestros pecados—de todos—en respuesta a un sincero arrepentimiento.
Jesús nuestro Señor ocupó nuestro lugar en la cruz, pagó por nuestra maldad y nos presentó santos y justos delante del Padre.
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Fernando Alexis Jiménez sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas. Desde el 2016 dirige el Instituto Bíblico Ministerial y, actualmente, es editor de la Revista Vida Familiar.


