El camino de regreso
Puede que en nuestro caminar equivocado, nos encontremos muy lejos de Dios. Lo reconocemos. ¿Qué hacer? Volver la mirada al Padre celestial. Él nos ofrece una nueva oportunidad.
“No muchos días después, juntando todo lo que tenía, el hijo menor se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.”
Lucas 15:13
Todos hemos tenido nuestra “provincia apartada“. Ese lugar —físico o simplemente del corazón— donde decidimos alejarnos de Dios pensando que allí encontraríamos algo mejor que lo que Él nos ofrecía.
El hijo de esta parábola no fue arrastrado por la fuerza a la ruina; caminó hacia la ruina personal, emocional y espiritual con sus propios pasos, decisión tras decisión.
Así funciona el pecado casi siempre: no llega de golpe, sino como una serie de pequeñas elecciones que, sin darnos cuenta, nos van alejando del Padre.
Y ahí está lo humano de esta historia.
No es la historia de “los malos”. Es la historia de cualquiera de nosotros.

Todos, en algún momento, hemos tomado lo que Dios nos dio —tiempo, dones, relaciones, oportunidades— y lo hemos desperdiciado buscando una libertad que, lejos de Él, nunca fue verdadera libertad.
Pero este versículo no es el final del capítulo. Es solo el punto de partida de una historia de gracia.
Porque más adelante leemos: “Y volviendo en sí, dijo... Me levantaré e iré a mi padre” (v. 17-18). Y el Padre no lo recibió con reproches, sino corriendo a su encuentro (v. 20).
Eso nos dice algo poderoso: Dios no está esperando para señalarnos con el dedo. Está esperando para abrazarnos.
Hoy es el día para evaluarnos. ¿En qué estamos fallando? Si identificamos errores, es tiempo de volvernos al Padre. Acogernos a Su GRACIA, que perdona a todo aquél que se repiente de su pecado.
Ábrale hoy las puertas de su corazón a Jesucristo.
Para meditar hoy:
¿En qué área de mi vida me he alejado, viviendo “a mi manera”?
¿Qué he desperdiciado que Dios me había confiado?
¿Estoy dispuesto a levantarme hoy y volver a Él, sin miedo al reproche?
Oración
Padre, reconozco que muchas veces he caminado lejos de ti, confiando en mis propias decisiones más que en tu voluntad. Gracias porque tu amor no espera a que yo sea perfecto para recibirme, sino que corre a mi encuentro apenas decido volver. Hoy me levanto y voy hacia ti. Restaura lo que he desperdiciado y dame un corazón dispuesto a permanecer cerca de ti. En el nombre de Jesús, amén.
Fernando Alexis Jiménez sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas en donde, además, dirige el Instituto Bíblico Ministerial. Es editor máster de la Revista Vida Familiar.


