Servir a Dios desde su trabajo diario
Cuando trabajamos como para el Señor, el trabajo deja de ser un medio para ganarnos la vida y se convierte en una oportunidad servir.
Nos han enseñado que sirven a Dios quienes ejercen una posición de liderazgo en la congregación local. O quienes se paran detrás del púlpito. O quienes dependen de la iglesia para su sostenimiento. La lista puede ser muy larga.
Sin embargo, hay un equívoco.
¿Por qué?
Porque desde lugar que laboramos y, con lo que hacemos, servimos a Dios. Testimoniamos del Cristo de poder que obra en nuestro ser.
Toda gira en torno a nuestra disposición y actitud.
Revise bien este concepto.
Se lo explico de una manera sencilla acudiendo a la carta del apóstol Pablo a los creyentes de Éfeso:
“Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ese recibirá del Señor, sea siervo o sea libre.” (Efesios 6:5-8 | RV 60)
A veces los cristianos separan su vida laboral de la espiritual, pero eso no es sabio.
El Espíritu Santo debe estar presente en todo lo que hacemos, y en cualquier lugar debemos reconocerlo como nuestro guía, consolador e intercesor.
El apóstol Pablo enseña que debemos trabajar “como para el Señor” (Colosenses 3:23).
Aunque otras personas puedan ser más hábiles o experimentadas, los creyentes se distinguen por realizar su labor con honestidad, sabiduría y fidelidad, confiando en que el Espíritu Santo los equipa para cumplir su propósito.
Servir al Señor en el trabajo significa que nuestro lugar de labor también es nuestro ministerio.
Cuando trabajamos como para Él, el trabajo deja de ser solo un medio para ganarnos la vida y se convierte en una oportunidad para madurar y desarrollar nuestras habilidades y autoestima.
Además, junto a nuestros compañeros, podemos construir relaciones, compartir nuestro testimonio y glorificar a nuestro Padre celestial.
El trabajo nos permite mostrar el amor de Dios a los demás, y su recompensa va más allá del salario.
Quienes lo hacen son bendecidos con un ministerio: un campo de cosecha para el reino, ya sea en una escuela, oficina, obra de construcción, almacén, tienda u otro lugar.
Es hora de acogernos a la Gracia divina.
Desconozco cuál es su vida y cómo ha sido hasta hoy. Quizá se siente en derrota. Fracasado. Y piensa que no hay esperanza. Tremendo equívoco.
Dios sí nos ofrece una nueva oportunidad por GRACIA. Incluso, a usted hoy, ahora.
¿Qué se requiere?
Sencillo. Evaluarnos. Reconocer que hemos pecado y pedir perdón. Nuestro amoroso Padre decidió perdonarnos desde la eternidad.
Jesús se colocó en nuestro lugar en la cruz. En el Calvario nos lavó con Su Sangre preciosa. Por amor, sencillamente, por amor.
Ábrale hoy las puertas de su corazón a Jesucristo.
Fernando Alexis Jiménez es editor de la Revista Vida Familiar. Sirve a Dios en la Misión Edificando Familias y, desde el 2016, dirige el Instituto Bíblico Ministerial.


