Soltar las cargas y enfocarnos
Revise su vida. Sin duda, comprobará que lleva a cuestas muchas cargas y compromisos. Es hora de soltar y de avanzar.
Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. (2 Timoteo 2:4 | RV 60)
Prioridades. Un tema que debemos considerar. A veces nos dejamos arrastrar por el ruido de la sociedad y nada, lo que quedan son preocupaciones. Es real. Piénselo por un instante. Lo comprobará.
¿Motivo para preocuparse?
No. Más bien para aplicar correctivos y, de la mano de Dios, avanzar en el proceso de cambio y crecimiento diario.
El apóstol Pablo le advirtió a Timoteo y, por su intermedio, a quienes fueron sus discípulos, a no enredarse en los asuntos de la vida diaria.
La imagen es vívida: un soldado tan envuelto en preocupaciones civiles que no puede moverse con libertad para servir a su comandante.
¿Cómo aplica a su vida diaria?
Poniendo límites. ¿A qué? A las conversaciones que no edifican, a las palabras altisonantes que no edifican, al afán de estar consultando las redes sociales o ver si nos escribieron en el teléfono celular.
Revisar y cambiar. Todo comienza con pequeñas decisiones que generan los grandes hábitos.
Piénselo. Podemos cambiar y crecer en diferentes áreas. No en nuestras fuerzas, sino en las de Dios.
Pablo no le decía a Timoteo que abandonara sus responsabilidades terrenales; él mismo trabajó como fabricante de tiendas mientras ministraba. Más bien, advertía contra dejar que las ocupaciones diarias reemplazaran el compromiso con Cristo.
Cuando el trabajo, las finanzas o el ocio nos consumen y nuestras disciplinas espirituales sufren, estamos enredados.
Si aplicamos este consejo paulino, sin duda mejoraremos nuestra situación económica, podremos proveer para nuestra familia y disfrutar de descanso son asuntos importantes que Dios aprueba.
¿Por qué? Porque estaremos enfocados.
Sin embargo, es importante evitar que estas bendiciones se conviertan en distracciones que nos alejen de la iglesia, la oración o el estudio de la Biblia. Por tanto, debemos evitar dividir nuestra vida en “tiempo para el ministerio” y “vida cotidiana”.
Somos hechura de Cristo sin importar dónde estemos o qué estemos haciendo (Efesios 2.10).
Todo lo que Dios nos da —vocación, recursos, descanso— debe usarse para su gloria. La pregunta no es si trabajamos o descansamos, sino si estas cosas buenas nos impiden servir a nuestro Líder con libertad.
No podría despedirme sin hablarle de algo esencial: la GRACIA de Dios. Por GRACIA, tenemos entrada delante del Padre. Él perdona nuestros pecados en respuesta a un sincero arrepentimiento.
Aun cuando deberíamos morir por nuestra maldad, el Señor Jesús fue a la cruz por nosotros.
Lo hizo por amor y porque no quiere nuestra condenación eterna.
Hoy es el día para emprender una nueva vida, prendidos de la mano del Señor Jesucristo.
Fernando Alexis Jiménez dirige el Instituto Bíblico Ministerial y sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas. Es editor de la Revista Vida Familiar.


